Cirrosis hepática
Es la cicatrización y funcionamiento deficiente del hígado como resultado de una enfermedad hepática crónica.
La cirrosis es ocasionada por la enfermedad hepática crónica cuyas causas comunes en los Estados Unidos abarcan:
Otras causas de cirrosis pueden ser:
Otros síntomas que pueden ocurrir con esta enfermedad:
Los síntomas pueden desarrollarse gradualmente y también es posible que no se presente ninguno.
Durante un examen físico, el médico puede encontrar:
Entre los exámenes que revelan problemas hepáticos se encuentran:
Una biopsia del hígado confirma la presencia de cirrosis.
Esta enfermedad también puede afectar los resultados de los siguientes exámenes:
El tratamiento trata de darle un manejo a las complicaciones de la cirrosis y a prevenir un daño hepático mayor. Esto puede incluir la suspensión de ciertos medicamentos y el alcohol que causaron el problema.
Otras opciones de tratamiento están disponibles para las complicaciones de la cirrosis:
Si la cirrosis progresa y se vuelve potencialmente mortal, se debe considerar la posibilidad de realizar un trasplante de hígado.
El estrés causado por la enfermedad a menudo puede mejorar vinculándose a un grupos de apoyo cuyos miembros comparten experiencias y problemas en común. Ver grupos de apoyo para la enfermedad hepática.
La cirrosis es causada por una cicatrización irreversible del hígado. Una vez que la cirrosis se presenta, no es posible curar el hígado o devolverle su funcionamiento normal. Es una afección seria que puede llevar a muchas complicaciones.
Un especialista en el hígado (hepatólogo) debe ayudar a evaluar y manejar las complicaciones. La cirrosis puede llevar a la necesidad de un trasplante del hígado.
Un procedimiento llamado derivación portosistémica intrahepática transyugular (TIPS, por sus siglas en inglés) algunas veces es necesario como resultado de muchas de estas complicaciones.
La persona debe consultar con el médico si:
Igualmente, debe llamar al médico, acudir a la sala de emergencias o llamar al número local de emergencias (como el 911 en los Estados Unidos) si:
No tomar alcohol en exceso. Si la persona cree que su problema de consumo de alcohol se le está saliendo de las manos, debe buscar ayuda profesional.
Evitar el consumo de drogas intravenosas (o únicamente utilizar agujas limpias y nunca compartir otros elementos) para reducir el riesgo de contagio con hepatitis B y C.
Algunas investigaciones indican que la hepatitis C se puede diseminar a través del uso compartido de agujas o pajillas utilizadas para inhalar cocaína u otras drogas, por lo que se recomienda evitar la inhalación de drogas y no compartir la parafernalia relacionada con esto. Si la persona tiene problemas con drogas psicoactivas, debe buscar ayuda.
Carithers RL, McClain C. Alcoholic Liver Disease. In: Feldman M, Friedman LS, Brandt LJ. Feldman: Sleisenger & Fordtran's Gastrointestinal and Liver Disease. 8th ed. Philadelphia, Pa: Saunders Elsevier; 2006:chap 81.
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