El objetivo de la terapia es detener la hemorragia aguda lo antes posible y tratar las várices con medicamentos y procedimientos médicos. La hemorragia se debe controlar rápidamente para prevenir un shock y la muerte.
Si se presenta un sangrado profuso, el paciente puede ser conectado a un respirador para proteger las vías respiratorias y evitar la broncoaspiración de sangre.
En la terapia endoscópica, se emplea una pequeña sonda con luz llamada endoscopio. El médico puede inyectar directamente las várices con un medicamento coagulante o puede colocar una banda elástica alrededor de las venas sangrantes. Este procedimiento se utiliza en episodios agudos de sangrado y como terapia preventiva.
El sangrado severo también se puede tratar con una sonda que se inserta a través de la nariz hasta el estómago y se infla con aire para producir presión sobre las venas que sangran (taponamiento con balón).
Una vez que el sangrado agudo se ha detenido, hay disponibilidad de algunos tratamientos:
En raras ocasiones, se puede emplear la cirugía de emergencia para tratar pacientes si otra terapia falla. Otras dos opciones de tratamiento son la derivación portocava o la extirpación quirúrgica del esófago, pero estos procedimientos ofrecen riesgo.
Los pacientes con várices sangrantes a raíz de enfermedad hepática pueden necesitar un trasplante de hígado.
El sangrado retorna con frecuencia si no se hace un tratamiento. Las várices esofágicas sangrantes son una complicación grave de la enfermedad hepática y tienen un pronóstico desalentador.
La persona debe consultar con el médico si vomita sangre o presenta heces negras y pegajosas.