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Es una pausa involuntaria en la respiración, algunas veces acompañada de pérdida del conocimiento, que generalmente ocurre en respuesta a una situación de enfado o de sorpresa.
La contención de la respiración se ve en algunos niños normales a los dos meses de vida, pero puede empezar incluso hasta los dos años de edad. Un pequeño número de niños presenta episodios o crisis graves. Por lo general, los episodios cesan cuando el niño llega a la edad de 6 a 8.
Los espasmos del llanto parecen ser una respuesta al miedo, a una confrontación, a un evento traumático (dolor, por ejemplo) o al hecho de ser asustado. La reacción súbita puede hacer que el sistema nervioso disminuya la frecuencia cardíaca o la respiración temporalmente, causando la contención de la respiración y los cambios de color.
Aunque a menudo ocurren con las pataletas, no se cree que los espasmos del llanto sean un acto intencional de rebeldía.
Los espasmos del llanto se pueden dar en familias. Si los padres de un niño tuvieron episodios similares en la infancia, el niño tiene mayor probabilidad de sufrirlos. También se pueden presentar con trastornos genéticos, como el síndrome de Riley-Day y el síndrome de Rett. Los niños con anemia ferropénica también pueden tener aumento de los episodios de contención de la respiración.
Después de asustarse o enfadarse, el niño puede quedar sin aliento durante un momento, luego exhalar y dejar de respirar. Luego, rápidamente se torna azul (cianótico) y puede tener muchos movimientos espasmódicos parecidos a una crisis epiléptica leve.
El episodio termina con un período breve de pérdida del conocimiento, en el cual se recupera la respiración normal. El color del niño mejora con la primera respiración y el episodio termina. El niño puede repetir este comportamiento varias veces al día o hacerlo sólo en raras ocasiones.
La contención de la respiración puede ser una experiencia alarmante para los padres, quienes pueden pensar que se trata de una crisis epiléptica o incluso un paro cardíaco. Después de que el médico le haya diagnosticado al niño los espasmos del llanto, los padres pueden simplemente esperar a que el episodio termine de manera natural.
El médico elaborará la historia clínica y llevará a cabo un examen físico completo para descartar una causa física de esta afección. Se puede llevar a cabo un examen de sangre, debido a una asociación conocida con una deficiencia de hierro.
Algunas veces, a los pacientes se les realiza un examen cardíaco (como un ECG) para garantizar que el corazón no esté comprometido en los episodios. En ocasiones, se puede hacer un EEG, en especial cuando es difícil diferenciar los movimientos similares a una crisis epiléptica (convulsión) del espasmo del llanto de los de una crisis epiléptica real.
Generalmente, no es necesario ningún tratamiento. Los niños afectados con los espasmos del llanto no presentan epilepsia ni daño cerebral.
El hecho de evitar situaciones que provoquen rabietas puede ayudar a reducir el número de crisis que el niño experimente. Asimismo, colocar una tela fría en la frente del niño durante la crisis puede acortar el episodio.
Los espasmos del llanto que no llevan al niño a quedar inconsciente es mejor ignorarlos, en la misma forma que se ignoran las rabietas. Ver también: rabietas para mayor información respecto a cómo reaccionar frente a los espasmos del llanto.
Si su hijo padece anemia ferropénica, se debe empezar el tratamiento de reposición del hierro.
Cuando se presente una crisis, es bueno asegurarse de que su hijo esté en un lugar seguro donde no se vaya a herir durante una caída o una convulsión breve. Después de la crisis, trate de calmarse y evite prestarle demasiada atención al niño, debido a que esto puede reforzar los comportamientos que llevan a los espasmos del llanto.
Los niños afectados superan estos espasmos del llanto con el tiempo hacia la edad de 4 a 8 años. Incluso los niños que tienen una crisis epiléptica (convulsión) después de perder el conocimiento no parecen tener un aumento del riesgo de padecer trastornos convulsivos.
El mayor riesgo es una lesión, especialmente un traumatismo craneal, debido a una caída durante un episodio o crisis.
Consulte con el médico si su hijo exhibe comportamientos de contención de la respiración o espasmos del llanto, en especial si este comportamiento es nuevo para él o si el niño hace esto con frecuencia.
Si su hijo deja de respirar o tiene convulsiones por más de un minuto, llame al 911 (en los Estados Unidos) o al número local de emergencias para solicitar ayuda inmediata.
No se dispone de medidas preventivas específicas. Si usted sabe que su hijo es propenso a los espasmos del llanto, podría tratar de distraerlo antes de que el comportamiento alcance el punto que clásicamente provoca un episodio o crisis.
Dalton R, Boris NW. Disruptive behavioral disorders. In: Kliegman RM, Behrman RE, Jenson HB, Stanton BF, eds. Nelson Textbook of Pediatrics. 18th ed. Philadelphia, Pa: Saunders Elsevier; 2007:chap 28.
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