En caso de que se sospeche que un bebé presenta una enterocolitis necrosante, se suspende la alimentación y se sacan los gases del intestino, insertando un tubo pequeño en el estómago. Los líquidos intravenosos reemplazan la leche artificial o la leche materna. Se inicia una terapia con antibióticos. El estado del bebé se monitorea con radiografías abdominales, exámenes de sangre y gasometría arterial.
La cirugía es necesaria si hay una perforación intestinal o una peritonitis (inflamación de la pared abdominal). Se extrae el tejido intestinal muerto y se realiza una colostomía o una ileostomía. El intestino se reconecta luego varias semanas o meses después, cuando la infección y la inflamación se hayan curado.
La enterocolitis necrosante es una enfermedad grave con una tasa de mortalidad que se acerca al 25%. El tratamiento temprano y agresivo ayuda a mejorar el pronóstico.
Si se presenta cualquiera de los síntomas de enterocolitis necrosante, especialmente en un bebé que haya sido hospitalizado recientemente por enfermedad o prematurez, acuda a la sala de urgencias o llame al número local de emergencias (como el 911 en los Estados Unidos).
Piazza AJ, Stroll BJ. Digestive System Disorders. In: Kliegman RM, Behrman RE, Jenson HB, Stanton BF, eds. Nelson Textbook of Pediatrics. 18th ed. Philadelphia, Pa: Saunders Elsevier; 2007:chap 102.