Agua en el cerebro
El objetivo del tratamiento es minimizar o prevenir el daño cerebral a través del mejoramiento del flujo del líquido cefalorraquídeo (LCR).
La cirugía es el principal tratamiento para la hidrocefalia y comprende la extirpación quirúrgica de la obstrucción, si es posible. Si no se puede eliminar la obstrucción, se puede colocar una derivación en el interior del cerebro para permitir que el LCR fluya alrededor del área obstruida.
Otra posibilidad puede ser colocar una derivación por fuera del cerebro, en un área como la cámara derecha del corazón o el peritoneo abdominal.
Por otro lado, la extracción o la cauterización de las partes del cerebro que producen LCR pueden reducir su producción.
Una complicación importante de la colocación de la derivación es la obstrucción, cuyos síntomas abarcan dolor de cabeza y vómito. Sin embargo, los cirujanos pueden ayudar a abrirla sin tener que reemplazarla.
Si hay signos de infección, se administran antibióticos y, en el caso de infecciones graves, puede ser necesario retirar la derivación.
Otra opción es la ventriculostomía endoscópica del tercer ventrículo (ETV), la cual libera presión sin tener que reemplazar la derivación.
Los exámenes de control generalmente continúan durante toda la vida del niño y se hacen con el fin de evaluar su nivel de desarrollo y tratar cualquier problema intelectual, neurológico o físico.
Las enfermeras visitadoras, los servicios sociales, los grupos de apoyo y las agencias locales pueden brindar apoyo emocional y ayudar a los padres en el cuidado de los niños con hidrocefalia que presentan daño cerebral significativo.
Sin tratamiento, la hidrocefalia tiene una tasa de mortalidad del 50 al 60% y los que logran sobrevivir tienen grados variables de discapacidades intelectuales, físicas y neurológicas.
El pronóstico de una hidrocefalia que ha recibido tratamiento depende de la causa. El mejor pronóstico lo tiene la hidrocefalia ocasionada por trastornos no asociados con infección, mientras que la hidrocefalia causada por tumores usualmente tiene muy mal pronóstico.
Más del 80% de los niños con hidrocefalia que sobreviven por un año, tendrá un período de vida bastante normal y aproximadamente un tercio de ellos presentará una función intelectual normal, aunque las dificultades neurológicas pueden persistir.
Cualquier síntoma de este trastorno debe ser informado al médico inmediatamente. Se debe buscar asistencia médica si la cabeza del niño está creciendo o si se presenta un cambio en el aspecto de la cara, de la cabeza o de los ojos. También se debe buscar asistencia médica, si la condición del niño empeora de tal manera que no se le pueden brindar los cuidados necesarios en el hogar.
Se debe acudir al servicio de urgencias o llamar al número de emergencias local (como el 911 en Estados Unidos) si se presentan síntomas de emergencia como: problemas para succionar y/o alimentarse, llanto de tono agudo, fiebre , letargo o somnolencia , rigidez cervical (renuencia a flexionar o mover el cuello o la cabeza), dificultad respiratoria , dolor de cabeza severo, convulsiones , latido cardíaco irregular o ausencia del mismo.
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