Una persona con enfermedad hepática tiene que consumir una dieta especial, la cual protege al hígado del trabajo duro y lo ayuda a funcionar lo mejor posible.
Las proteínas normalmente ayudan a la restauración del tejido y a la prevención de la acumulación de grasa y daño a las células hepáticas.
En personas con daños hepáticos severos, las proteínas no son procesadas apropiadamente y los productos residuales se pueden acumular y afectar el cerebro. Restringir la cantidad de proteína en la dieta puede reducir la posibilidad de que se acumulen productos de desecho tóxicos.
El cuerpo almacena carbohidratos en la forma de glucógeno. El aumento de los carbohidratos en la dieta ayudar a preservar las reservas de glucógeno. Las personas con enfermedad hepática posiblemente necesiten incrementar su ingesta de carbohidratos en proporción a la proteína.
Un conteo sanguíneo bajo, los problemas de nervios y las deficiencias nutricionales que ocurren con la enfermedad hepática se pueden tratar con fármacos y suplementos vitamínicos.
La sal en la alimentación puede empeorar la acumulación de líquidos y la hinchazón en el hígado, debido a que lleva a que el cuerpo retenga agua. La mayoría de las personas con enfermedad hepática deben restringir la cantidad de sodio en la alimentación.
DeLegge MH. Nutrition in gastrointestinal diseases. In: Feldman M, Friedman LS, Brandt LJ, eds. Sleisenger & Fordtran's Gastrointestinal and Liver Disease. 8th ed. Philadelphia, Pa: Saunders Elsevier; 2006: chap 16.