Pruebas de anticuerpos para CMV
El examen de serología para CMV determina la presencia de anticuerpos contra el citomegalovirus en la sangre.
La sangre se extrae de una vena, usualmente de la parte interior del codo o del dorso de la mano. El sitio de punción se limpia con un antiséptico. El médico coloca una banda elástica alrededor de la parte superior del brazo con el fin de aplicar presión en el área y hacer que la vena se llene de sangre.
Luego, el médico introduce suavemente una aguja en la vena y recoge la sangre en un frasco hermético o en un tubo adherido a la aguja. La banda elástica se retira del brazo. Una vez que se ha recogido la muestra de sangre, se retira la aguja y se cubre el sitio de punción para detener cualquier sangrado.
En bebés o en niños pequeños, se puede utilizar un instrumento puntiagudo llamado lanceta para punzar la piel y hacerla sangrar. La sangre se recoge en un tubo pequeño de vidrio llamado pipeta, en un portaobjetos o en una tira reactiva. Finalmente, se puede colocar un vendaje sobre el área si hay algún sangrado.
La serología estudia la porción líquida de la sangre (suero) por su contenido de anticuerpos. Los exámenes de serología se repiten algunas semanas después de tomada la muestra inicial. Existen varias técnicas de serología que se pueden utilizar, dependiendo de los anticuerpos de los cuales se tenga sospecha.
No hay ninguna preparación especial para este examen.
Cuando se inserta la aguja para extraer la sangre, algunas personas sienten un dolor moderado, mientras que otras sólo sienten un pinchazo o sensación de picadura. Posteriormente, puede haber algo de sensación pulsátil.
Este examen se realiza para detectar una infección actual activa o infección pasada por CMV (citomegalovirus) en personas que corren el riesgo de una reactivación de la infección (tales como los receptores de trasplantes de órganos y las personas con el sistema inmunitario debilitado). También se puede realizar el examen para detectar una infección por CMV en recién nacidos.